A cuatro años de la crisis, Honduras sigue sumergida en el desamparo

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June 28, 2013 by Gina Kawas

Teniendo en cuenta que mi trabajo es analizar y escribir, en una base diaria, esto es algo que hago para la institución que represento, así como para un numero mas o menos reducido de personas. Este es mi primer escrito en un blog recién creado para mí y para todos los que quieran leerlo. No me tengo que apegar a políticas institucionales ni seguir una línea, puedo escribir lo que creo y siento, cosa que se siente muy bien, ya que tengo mucho que decir.

De forma muy personal, igual trato de utilizar las plataformas sociales como el Facebook y Twitter para expresar, más que todo, mi desconformidad con muchísimas cosas, sobre todo en temática política, que se da en mi país, Honduras, así como en mi segundo hogar, Palestina.

Era necesaria esta introducción antes de entrar en el verdadero tópico sobre el cual quiero emitir opinión (la primera opinión en este blog) : cuatro años después del derrocamiento de Manuel Zelaya (ex presidente de Honduras) y la grave crisis política, social y económica en la que estuvo inmersa Honduras en el año 2009, nos encontramos hoy, justo en su aniversario número cuatro, pasando calamidades, me atrevo a decir, aún peores.

Todavía el día 27 de junio del 2009, Honduras era un país poco conocido, desconocido para muchos fuera de la región Latinoamericana, cosa que cambió “de golpe” el día siguiente. El Presidente Zelaya, un hombre muy folclórico que pertenecía al gran Partido Liberal de Honduras, pero que había dado un giro radical hacia el populismo y a la izquierda, había sido desterrado de su patria por parte de militares a punta de pistola y enviado a Costa Rica en piyama, cosa que le dio la vuelta al mundo.

Este hecho cambio el curso de la historia pacífica que había caracterizado a Honduras, un país que nunca registró guerra civil, el común denominador en la región desde los años 60 a los 80s. Pero que del 28 de junio del 2009 en adelante, se encontraría sumergida en la polarización, la intolerancia, el odio y la violencia. Estaban por un lado, los apologistas de Zelaya, y por otro, sus opositores y fervientes seguidores del hombre que tomó (o usurpó, para muchos) el lugar del ahora ex presidente Zelaya – el Sr. Roberto Micheletti Baín. Estábamos también, aquellos que no apoyábamos ni al uno ni al otro, y que condenábamos las acciones tanto de Zelaya, ilegales en su gran mayoría, pero también las de los militares y las de Michelleti.

Para los que nos consideramos demócratas y liberales, no es válido apoyar el mecanismo por el cual Zelaya fue removido del poder. Los motivos, en cambio, si fueron muy valederos, pero se cometió el grave error de no respetar la legalidad y el debido proceso. Había una orden de captura, emitida por un juez natural, designado por la Corte Suprema de Justica hondureña, que ordenaba el detenimiento inmediato de Zelaya, por delitos cometidos, entre los que figuraban el abuso de poder y múltiples violaciones a la Constitución hondureña. Estas eran razones suficientes para capturar a Zelaya, en territorio nacional, y juzgarlo, respetando también su derecho a la legítima defensa. Pero, desafortunadamente los hechos no se desenvolvieron de manera tal.

Para hacer una larga historia corta, Zelaya fue enviado a Costa Rica, en donde fue recibido por el Presidente Oscar Arias, quien lo refugió y se empeñó en realizar una campaña de desprestigio internacional para Honduras por los hechos cometidos, lo que tuvo repercusiones muy serias para el país, sobre todo en materia económica/comercial y en cooperación con el retiro de fondos y ayuda internacional. Luego de muchas negociaciones fallidas y condenas mundiales, Zelaya regresa a Honduras bajo el Acuerdo de Cartagena, que le daba amnistía a todos los involucrados, y decide lanzar a su esposa, como candidato presidencial para la próxima contienda electoral.

Hoy nos encontramos a poco menos de cinco meses para un nuevo proceso electoral interno, después de cuatro años de desastre total de Porfirio Lobo Sosa, quien, al igual que “Mel”, perdió completamente el rumbo. Recién habiendo tomado posesión, se le otorgó el beneficio de la duda, puesto que sería el mandatario de un país que experimentó tal convulsión que su gobierno debiera de ser uno de transición y reconciliación, así como de muchos cambios. Pero resultó ser un gobierno de corrupción, demasiada, nunca antes vista, ni con Zelaya. También de mucha confrontación, violencia, escándalos, crímenes, inseguridad extrema y una reinante impunidad ante actos que no tienen nombre, como escándalos dentro del Ministerio de Salud, nexos con el narcotráfico o la política irresponsable de endeudamiento que va a estancar al país en el próximo año y años por venir.

Estos cuatro años, entonces, han significado una involución en todo sentido para Honduras, en materia política, económica, electoral, institucional, en materia de transparencia, paz y derechos humanos. ¿Qué tiene que pasar para que los hondureños nos despertemos y actuemos? Aparentemente un golpe de Estado al Ejecutivo (es la definición académica aceptada de los hechos ocurridos) no fue suficiente, porque a cuatro años de la crisis, Honduras sigue sumergida en el desamparo.

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