Dejar nuestra vida en manos de un Estado omnipotente

Leave a comment

September 3, 2013 by Gina Kawas

constitucion_nosetoca

La naturaleza de la política requiere que la misma evolucione constantemente, que madure y se siga desarrollando. La política es dinámica y jamás puede ser estática, porque depende las sociedades y las sociedades, compuestas de personas, son de naturaleza cambiante. Para vivir en un Estado que se denomine democrático, es vital que predomine el Estado de derecho. Este es el prerequisito por excelencia para que exista la democracia y el buen gobierno. Esto significa, que por encima de todo, los derechos civiles básicos deben de aplicar a toda la población.

En nuestros países Lationamericanos, pero sobre todo en Honduras, y sobre todo en este último período de gobierno del Partido Nacional (2010-2014), se ha caracterizado el desprecio y desacato a la Ley y al Estado de Derecho por parte de los gobernantes. Con el pasar de los años, lastimosamente la cultura política hondureña sigue siendo una de ciudadanos sumisos y  gobernantes poderosos que están por encima de la Ley, atropellándola y reformándola para su beneficio. La omnipotencia del Estado tiene por consecuencia la omnipotencia del gobierno en que el Estado se personifica, es decir el despotismo puro y simple. La única forma de parar esto es educándonos, conociendo nuestra Constitución, nuestros deberes y nuestros derechos y ejerciéndolos.

La base de todo Estado democrático es la libertad. Sin libertad no tenemos nada y no podemos nunca, nunca, poner a nada por encima de ésta. Bien decía Benjamin Franklin, que “quien sacrifica la libertad por seguridad, no merece ni la una ni la otra”. Sin nuestra libertad no nos queda nada; somos individuos no prisioneros, y por ende depender del Estado nos quita y erosiona esa libertad. Las sociedades de nuestros días se deben al individualismo, sólo a través de éste, se alcanza el progreso de las civilizaciones.

La división del poder es la primera de las garantías contra el abuso del ejercicio. El balance de fuerzas, que se personifica en la división clásica de Montesquieu, Ejecutivo, Legislativo y Judicial hace el contrapeso necesario para frenar los abusos de cualquiera de las tres ramas. Esto se encuentra plasmado en la Constitución o Magna Carta de cada país, misma que da la garantía que las leyes no serán excepciones derogatorias de los grandes principios consagrados por ella. Señores políticos, ustedes no son más que servidores públicos y nosotros, el pueblo, su mandante: !La constitución NO se toca!

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: